sábado, 9 de septiembre de 2017

M16 - La Nebulosa del Aguila en Serpens (SC 235mm)

Qué importantes son los cielos oscuros en nuestra afición. Cuánto ayuda a veces una buena abertura. Qué difícil es encontrar una noche con buenas condiciones de observación.

Pero cuando tenemos la suerte de disfrutar de todo ello, aparece dentro de nosotros una sensación especial que, en mi opinión, es una de las razones principales por las que un aficionado a la astronomía nunca se apartará completamente de la observación visual.

Sin ningún género de duda, M16, la Nebulosa del Águila, es un objeto que merece la pena observarse en una de esas noches excepcionales. Eso sí, hay que ser conscientes de que debemos dedicarle tiempo, ir sin prisas, con una buena dosis de paciencia, probando diferentes configuraciones de oculares y filtros y adaptando al máximo nuestra vista a la oscuridad.

La dibujé en su día observándola con el SC de 127. Resultó espectacular, pero encontré a faltar un poco más de abertura. La noche del 11 de agosto de 2017 apunté hacía M16 y lo que vi me animó a coger el lápiz y prepararme para pasar un buen rato con el ojo pegado al ocular.



El Hyperion Aspheric de 31mm me ofrece 75,80x y un campo de 56’ que me permite abarcar por completo el cúmulo abierto que se presenta con una gran majestuosidad. En un primer momento destaca una pareja estelar de componentes gemelas: TYC5689-607-1 (mag. 8,2) y TYC5689-1208-1 (mag. 8,8), pero en seguida el conjunto consigue obtener el protagonismo que merece. Estas dos estrellas me sugieren en seguida los dos ojos del águila, seguro que sugestionado por el nombre que recibe la nebulosa.

El campo es muy rico, y está formado por un gran número de estrellas, algunas brillantes (mag. 8-9), otras más débiles, la mayoría de ellas de un color blanco-azulado. Un cúmulo abierto muy bello y atractivo.

La nebulosidad asociada, a pesar de lo que pueda parecer en el dibujo, tan sólo puedo llegar a intuirla. Pero cuando he añadido el filtro OIII, he podido comprobar de primera mano el por qué se la conoce como Nebulosa del Águila. La nebulosa de emisión que acompaña al cúmulo aparece como por arte de magia. Majestuosa. Impresionante. Bien presente y marcada. Más acorde a lo que aparece en el dibujo.

Cambio el filtro OIII por el UHC y, aunque no se ve tan bien definida, sí es cierto que resaltan zonas de la nebulosa que antes pasaban más desapercibidas. Por el contrario, partes muy evidentes con el OIII se atenúan un poco.

Como he comentado es necesaria mucha paciencia y capacidad de concentración para intentar plasmar de la mejor manera posible lo que se ve por el ocular. El dibujo lo empecé marcando las estrellas que veía sin utilizar ningún tipo de filtro. Después puse el OIII y tuve que estar un buen rato para volver a adaptar la vista a la oscuridad y percibir los máximos detalles de la nebulosa. Memorizarlos y dibujarlos. Cambiar el filtro por el UHC y volver a repetir el proceso.

Empecé la observación a las 20h 56m TU y di por terminado el dibujo a las 21h 45m TU. Tres cuartos de hora para un solo objeto, pero sinceramente, con M16, cada minuto invertido en su observación vale su peso en oro.

Carta generada con Cartes du Ciel
    
Una de las cosas que más me ha llamado la atención de mi experiencia con M16 es la dificultad que tuve, tanto con el SC de 127mm como con el de 235mm, de ver la nebulosa. Se podría decir que sin el uso de filtros, de no saber de su existencia, me habría pasado completamente desapercibida.

Después, buscando información sobre M16, he leído en el libro de Ronald Stoyan “Atlas of the Messier Objects” que M16 fue descubierto en 1746 por el astrónomo suizo Phillippe Loys de Chéseaux, el cual lo reconoció como cúmulo, pero no hizo mención de la nebulosa. Posteriormente, Messier de manera independiente lo descubrió el 3 de junio de 1764 dejando anotado:

“Cúmulo de pequeñas estrellas, mezclado con una débil nebulosidad, cerca de la cola de la Serpiente (…) Con un pequeño telescopio este cúmulo aparece bajo forma de una nebulosa”.

También lo reconoce como cúmulo, pero a pesar de citar nebulosidad, a lo que se refiere realmente no es a la nebulosa que lo envuelve, si no, como indica Stoyan, “a la luz difusa de las estrellas irresolubles del cúmulo”.

Posteriormente, ningún observador visual mencionó la nebulosidad a pesar de utilizar algunos de ellos grandes aberturas, y no fue hasta 1895 y 1897 que Barnard y Roberts, de manera independiente, la identificaron en sus fotografías.

El cúmulo abierto está catalogado como NGC6611, mientras que la nebulosidad se identifica como IC4703.

M16 en el cielo presenta un tamaño aparente de 21’. Se encuentra a unos 5.600 años luz de distancia y se expande a lo largo de unos 35 años luz. Las estrellas más viejas que lo componen sólo tienen una edad de 6 millones de años, mientras que las más jóvenes nacieron hace poco más de 1 millón de años. En el corazón de la nebulosa, donde se conoce como “Trompas de Elefante” o “Los Pilares de la Creación”, siguen naciendo nuevas estrellas.

Qué mejor que terminar nuestra observación que recreándonos con las famosas fotografías de M16 realizadas por el Hubble (Detalles) y el ESO (Conjunto):

Credit: NASA, ESA, and The Hubble Heritage Team (STScI/AURA)

Credit: ESO
  
Credit: ESO

domingo, 3 de septiembre de 2017

Asteroide 3122 Florence el 2 de septiembre de 2017

Las personas hemos aprendido a vivir con los peligros potenciales que amenazan nuestra existencia. Si continuamente estuviéramos pensando en todo lo que nos puede hacer daño, no disfrutaríamos ni un segundo de nuestra vida. Pero ello no quiere decir que nos olvidemos por completo de ellos.

Sin ir más lejos, sabemos del peligro real que implica la colisión de un cuerpo celeste contra la Tierra, que tanto puede llevarnos a un cambio de modo de vida inimaginable para nosotros como, en el peor de los casos, a nuestra completa extinción como especie.

Sabemos que ya se han dado casos en nuestra historia planetaria, y aunque somos conscientes que no es muy probable que un hecho como este se produzca durante nuestra corta vida personal, el cosmos se encarga de recordarnos de vez en cuando que este peligro es real.

Los días 31 de agosto y 1 y 2 de septiembre de 2017, los astrónomos aficionados tuvimos la ocasión de observar con nuestros pequeños telescopios el asteroide 3122 Florence, que aunque no haya peligro de colisión, sí se trata del mayor asteroide que ha pasado más cerca de nuestro planeta desde que la NASA empezó su proyecto de detección de asteroides potencialmente peligrosos.

Según los datos ofrecido por el telescopio Sptizer de la NASA y de la misión de NEOWISE indican que 3122 Florence tiene unos 4,4 km de diámetro y se trata de un asteroide de tipo Amor (https://es.wikipedia.org/wiki/Asteroide_Amor), que son aquellos con una órbita que contiene totalmente a la terrestre y que un perihelio menor de 1,3 UA.

En la página del Minor Planet Center podemos encontrar un esquema de su órbita y su posición más cercana a la Tierra, que se dio la noche del 1 de septiembre y que fue de unos 7 millones de kilómetros de distancia, o casi 18 veces la distancia entre la Tierra y la Luna. Algo que se dio por última vez en 1890 y no se volverá a producir hasta después del 2500.

Minor Planet Center
Este asteroide fue descubierto en marzo de 1981 por el astrónomo Schelte "Bobby" Bus desde el Siding Spring Observatory en Australia y fue bautizado como Florence en honor de Florence Nightingale (https://es.wikipedia.org/wiki/Florence_Nightingale), una valiente mujer británica precursora de la enfermería profesional moderna tal como la entendemos hoy en día.

Su periodo orbital dura 2,35 años (859,48 días) y se desplaza a unos 14 km/s

Carta generada con Cartes du Ciel
Desde finales de agosto que tenía previsto echarle un vistazo con el telescopio, pero la cosa se fue complicando. En primer lugar porque tendría que observarlo desde Barcelona ciudad con mi SC de 127mm, con lo que la contaminación lumínica me condicionaría seriamente. Con todo, teniendo en cuenta que estaba previsto que el asteroide brillaría con una magnitud de 8,7, tenía esperanzas de cazarlo.

En segundo lugar, y completamente frustrante, fueron las nubes y la lluvia del 31 de agosto y las nubes del 1 de septiembre.

Me fui a dormir lamentando mi mala suerte. Y seguro que mi subconsciente no quedó muy conforme, ya que hacia las cuatro de la madrugada me desperté, di unas cuantas vueltas en la cama y decidí levantarme un momento y asomarme al balcón. El cielo estaba despejado.
No me lo pensé dos veces, me vestí y, más lento de lo que mi cerebro indicaba, acabé montando el telescopio y dirigiéndolo hacia las coordenadas donde debería encontrarse el 3122 Florence.

Fue un poco frustrante. No tenía estrellas brillantes de referencia y tampoco era capaz de identificar el asteroide.

Finalmente opté por acoplar la Nikon D5100 y sacar algunas fotografías. Cuando acabé, el asteroide ya quedó tapado por unos edificios. Me fui a dormir con un sabor agridulce. No había podido verlo en directo, al menos de manera consciente, pero había podido sacar algunas fotos, que con un poco de suerte, me mostrarían su movimiento.

Esta es una de las fotos en bruto que pude sacar, una muestra de la brutal contaminación lumínica que sufría:


Y aquí el discreto gif animado que finalmente pude conseguir. Recorte de tres fotografías espaciadas un cuarto de hora cada una y donde se puede apreciar la gran velocidad a la que se desplazaba el asteroide. Una pena no haberla podido verlo en directo.


Y esta imagen rotulada con las estrellas de referencia y el asteroide.


Dentro de la frustración por no haberlo podido identificar en directo, me queda la satisfacción de haberlo cazado fotográficamente.

Esperemos no encontrarnos algún día en la tesitura de ver uno que venga directamente hacia nosotros.

viernes, 1 de septiembre de 2017

M22 - Cúmulo globular en Sagittarius con el SC de 235mm

El 26 de Agosto de 1665, un astrónomo aficionado alemán, Abraham Ihle, descubrió el cúmulo globular que posteriormente Messier catalogaría como M22. Lo hizo de manera casual, como muchos de los descubrimientos, mientras estaba observando Saturno. Durante esa época planeta y cúmulo se encontraban separados únicamente por unos 1,5º.

Fue el primer globular en ser descubierto, y la verdad, es que dejando de lado estas curiosidades, M22 es uno de los objetos ideales tanto para aquellos que empiezan con la afición como para los que ya llevan unos cuantos años a cuestas observando por el telescopio.

Yo lo he podido disfrutar a simple vista, con unos humildes prismáticos, con un telescopio mediano y con el SC de 235mm. Con este último lo he estado observando cada verano desde que lo compré, pero nunca me había atrevido a dibujarlo. Siempre me quedaba alelado con el ojo pegado al ocular contemplando el incontable número de estrellas que aparecían en él.

La noche del 14 de agosto de 2017 volví a visitarlo coincidiendo con una noche oscura, y tuve la misma sensación de siempre. Pero no sé por qué razón, me animé a dibujarlo.

Cuando terminé con él, acabé realmente exhausto y con un sentimiento contradictorio. Por un lado, contento por haberlo dibujado, por otro, reconociendo que no había sido capaz de plasmar toda la belleza que pude contemplar con mis ojos.



Es muy fácil de localizar a unos 2,5º al noreste de Lambda Sagitarii, y gracias a su magnitud visual de 5,1 y un diámetro aparente de 33’, no hay duda de que se trata de él cuando lo hemos encontrado.

Carta generada con Cartes du Ciel
Es impresionante comprobar cómo ocupa prácticamente todo el campo del Televue Delos de 14mm (26’). Núcleo extenso, lleno de estrellas bien definidas e individualizadas que de manera paulatina van disminuyendo su densidad a medida que nos alejamos del centro globular.

Infinidad de estrellas. Imposible de dibujarlas todas. Pero la imagen que ofrece M22 en una buena noche y con un telescopio de buena abertura, es una de las más bellas que he visto nunca a través del telescopio.